lunes, 4 de enero de 2010

Enero 2010. INICIO. A la orilla del mar mediterráneo, en un pueblo llamado San Marino, una joven muchacha de nombre Beatriz, viste de blanco y camina sintiendo la brisa, el ruido melodioso de las olas. Toma asiento y contempla el mar azul, sonriendo al terminar de leer una vieja carta de amor de un joven que le promete esperarla a su regreso para casarse con ella. En la firma, solo un apellido: Montes de Oca.

Los Montes de Oca son una imponente familia, poseedora de la hacienda más grande y hermosa de la región en el Porto Bello del siglo XIIX. Su dueño, Federico Montes de Oca, es un hombre duro, recio, pero justo, orgulloso de sus tres hijos, todos asediados por las mujeres de la región: Marcelo, el mayor, encargado de los negocios de su padre, de la hacienda, de carácter duro y frío, demasiado reservado y arrogante; Nivardo, el menor, audaz y curioso como un caballo, con muchos sueños, irresponsable y aventurero, dispuesto a todo por defender sus ideales; y Valentín, el de en medio, un chico de nobles sentimientos, de buen corazón, preocupado por aquellos que sufren. Reservado, callado y tolerante. Sueña con encontrar a la mujer de sus sueños para poder casarse con ella y tener una familia feliz, en la que reinen la dicha, el amor, la felicidad. Los tres hermanos cabalgan por sus tierras hasta parar en el horizonte, donde Valentín se pregunta en voz alta qué será de las primas Alcázar, las cuales habitaban una finca cercana. Marcelo asegura que, desde siempre, ha esperado a que una de ellas vuelva, pues siempre la amó y aún sigue enamorado. Nivardo no dice nada, simplemente decide que es tarde y deben regresar a la hacienda, a la que regresan entrada la noche y Marcelo y Valentín cenan con Federico, su padre, quien les pide que busquen una mujer para casarse. Son acompañados por Cándida, su hermana, a la que Federico le tiene prohibido casarse pues, por ser la única mujer, debe cuidarlo hasta que muera. Al preguntar Federico por su hijo Nivardo, Prudencia, la sirvienta, le dice que el muchacho ha salido montado en su caballo unos minutos después de haber llegado. Marcelo le recalca a su padre que Nivardo necesita mano dura para terminar de madurar de una vez por todas.

En las afueras de la finca de las Alcázar, Nivardo se encuentra con Griselda, su amada, a la que asegura que ama con todas sus fuerzas a pesar de que hace muchos años aseguró a su prima, Beatriz, que se casarían. Ambos muchachos se besan y Griselda se siente feliz de saberse la futura esposa de Nivardo, quién es su gancho para ser una dama completamente respetable. Al marcharse el muchacho, Griselda acude a su amada madre, Alfonsina, que sus futuros estaban asegurados. Alfonsina, feliz, piensa que vivir en la hacienda de los Montes de Oca será mejor que la modesta finca en la que viven, por lo que al cambiar sus fututos, no dependerán más de Beatriz, quien es la heredera universal de su padre, quien al morir le heredó todo pidiendo que se hiciera cargo de su tía, Alfonsina, y de su prima, Griselda, quien se siente feliz por haberle arrebatado a Beatriz el amor de Nivardo.

Beatriz sueña con volver a su finca después de muchos años, pues al morir su padre decidió alejarse para pensar y estudiar. Piensa en Nivardo y entre sueños, aun despierta, se imagina el día de su boda, el cuál seguramente será sorprendente.

Nivardo regresa a la hacienda y es sorprendido por Prudencia, quien le pide que diga la verdad y deje de preocuparla pues tiene que mentir para protegerlo. Nivardo le pode a Prudencia que siga callando pues muy pronto le dirá a su padre que se casará. Son sorprendidos por Federico, quien le pregunta a su hijo quién es la mujer con la que ha decidido casarse. Nivardo no sabe qué contestar.

Marcelo hace las cuentas de la hacienda y en su mente solo está la imagen de Beatriz, a quien siempre ha amado en secreto y por quien se pregunta, pues desde que la muchacha emigró a San Marino, nadie supo más de ella. Valentín lo acompaña. Él si se atreve a decir que Beatriz era una muchacha hermosa, heredera de una cuantiosa fortuna del conde Alcázar y quien quizás se case con Nivardo a su regreso. Marcelo azota el escritorio y asegura a Valentín que Beatriz Alcázar no es mujer para Nivardo.

Federico insiste a Nivardo que le diga quién es la mujer con la que se casará y él, desafiante, le dice que Juliana Alcázar. Federico no lo admite, asegurando que Juliana ni siquiera  lleva el apellido Alcázar, por lo que no puede casarse con ella, que no tiene absolutamente nada como dote. Nivardo asegura estar enamorado pero Federico se opone a que su hijo se case con la muchacha por lo que le exige que la olvide porque jamás le dará su consentimiento para casarse con una que es menos que nadie.

Alfonsina borda y al percatarse de que es demasiado tarde decide apagar las velas e irse a dormir. Al acercarse a su habitación, escucha gemidos que provienen de la habitación de Griselda. Se acerca y toca, exigiendo a su hija que abra la puerta. Griselda, un poco agitada, abre y entonces Alfonsina inspecciona el lugar preguntándole con quien estaba. Griselda jura que con nadie pero Alfonsina se percata de que una de las ventanas está abierta. Sale y Griselda siente un fuerte alivio. Se asoma por la ventana y se toca mordiéndose los labios, diciéndole adiós a su gran amor.

Nivardo sufre por la decisión de su padre, asegurando estar terriblemente enamorado de Griselda. Cándida, su hermana, lo abraza y le asegura que se casará con la mujer que ama pero que debe tener contento a su padre. Nivardo se niega, asegurando que él no es como Cándida por lo que jamás aceptará las imposiciones de su padre.

Marcelo se sorprende al saber que Nivardo tiene amoríos con Griselda pues eso significa que él tiene oportunidad de conquistar a Beatriz en cuanto ésta regrese de San Marino, pues siempre la ha amado en silencio.

Valentín habla con Cándida, en quien nota una enorme soledad. La aconseja para que haga su vida y no se someta al destino que le ha impuesto su padre. Cándida llora y confiesa estar resignada a estar al cuidado de Federico, al cuál teme por sobre todas las cosas.

Federico pide a su fiel criado, Román, que se encargue de vigilar a Nivardo y no permita que se acerque a la finca Alcázar.

En la  playa de Porto Bello, Griselda se encuentra con Razo,  un atractivo y seductor hombre. Los dos se abrazan fuertemente y se besan, apasionados. Se dicen cuánto se aman y extrañan. Son sorprendidos por Beatriz, quien felicita a su prima por tener un romance con un hombre tan atractivo. Griselda se impacta al ver a Beatriz frente a ella. Razo se presenta pero Griselda le pide que se marche. Las dos muchachas hablan camino a casa sobre la llegada de Beatriz, quien le asegura a su prima que Razo es un hombre imponente y apuesto. Al llegar a la finca, se dan cuenta de que todo un banquete está servido gracias a Alfonsina y María, la sirvienta fiel de Beatriz, quienes se alegran de que todas estén nuevamente reunidas. Al merendar Beatriz asegura que el novio de Griselda es muy guapo, cosa que sorprende a Alfonsina, más aún cuando Beatriz pregunta por Nivardo, a quien, después de tantos años, todavía ama con pasión.

En el mercado del pueblo, la loca Lorenza deambula arrojando maldiciones y bendiciones a más no poder hasta llegar a la iglesia del Pueblo, donde se topa con Federico Montes de Oca, a quien le dice ser el mismo diablo. Federico le exige que no se les acerque ni a él ni a sus hijos. Lorenza lo mira con desprecio y le asegura que una maldición está a punto de caer en su familia, y que la sangre correrá en su seno familiar, pues el deseo será su más grande destrucción. Federico está apunto de golpearla pero la mirada desafiante de la mujer lo detiene.

Cándida ayuda a Prudencia en la cocina, asegurando que la presencia arrogante de Paulette le molesta demasiado. Prudencia sabe que Paulette es arrogante pero también sabe que nada pueden hacer pues el la íntima amiga de Federico y nadie puede contradecirlo. Son interrumpidas por Romualdo, un peón, quien les lleva verduras en la cocina. Romualdo no deja de contemplar la belleza de Cándida, quien nota que la miran y se sonroja.

Valentín camina por Porto Bello y se sorprende al ver a una hermosa mujer a lo lejos ¡Es Beatriz! A quien se le acerca para saludarla. Al reconocerlo, Beatriz lo abraza y le pide que no le diga nada a Nivardo sobre su regreso al puerto, pues desea darle la sorpresa. Valentín sabe que su hermano ahora está enamorado de Griselda, por lo que siente pena. Beatriz sin en cambio sigue emocionada por poder verlo.

Federico habla a solas en su despacho con Marcelo, a quien le pide que lo ayude para que Nivardo se olvide completamente de la absurda idea de querer casarse con Griselda. Marcelo le asegura a su padre que, aunque a él no le guste la idea, Nivardo no puede encontrar mujer más perfecta para él que Griselda. Federico le pide a Marcelo que no sea absurdo.

Beatriz visita al licenciado Zetina, antiguo amigo de su padre, quien se alegra de verla. La muchacha le cuenta sobre sus planes para sorprender a Nivardo y Zetina, cabal y justo, le pide que sea fuerte para entonces decirle que Nivardo está encaprichado con otra mujer: Griselda Romano, su prima. Beatriz se asombra al enterarse de dolorosa noticia que le rompe el corazón.

Griselda está desesperada pues Beatriz la vio con su amante y podría desenmascararla ante Nivardo, a quién desea atarse por ambición. Se lo confiesa a Alfonsina, quien la abofetea por comportarse como una ramera. Repentinamente Nivardo aparece en la finca, a pesar de ser perseguido por Román. Nivardo abraza a Griselda y le pide que se casen pronto, en secreto, antes de que los puedan separar. En ese momento ante ellos aparece Beatriz, quien confirma lo que el licenciado Mancera le había dicho. Nivardo se asombra al verla y trata de explicarle pero ella se niega a escucharlo y les pide a todos que desaparezcan de su presencia. Llora amargamente en su habitación para entonces ir a dar al mar, ya casi entrada la noche, donde llora terriblemente. Allí es sorprendida por Valentín, quien la abraza y le jura lamentar el que se haya enterado. Beatriz se aferra al muchacho y llora amargamente.

Marcelo y Federico hablan acerca de Beatriz Alcázar, la cual tiene titulo de condesa y es heredera de una cuantiosa fortuna. Federico no tolera que, a pesar de poseer una enorme fortuna, Beatriz insista en vivir en una humilde finca al lado de su tía y su prima. Marcelo le confiesa a su padre estar interesado en Beatriz, con la cuál le gustaría casarse.

Cándida y Romualdo tienen un encuentro accidental. Él la toca y le asegura pensar que ella es demasiado hermosa. Cándida se muestra tímida pero exige al peón que le guarde respeto.

Zetina se topa con Lorenza, quien le asegura que en la hacienda de los Montes de Oca caerá una maldición. Zetina le pide a la mujer que deje de decir incoherencias pero Lorenza asegura que la luna se lo ha dicho.

Alfonsina, para consolar a Beatriz, le pide que se olvide de Nivardo y se case con Pío, quien está interesado en ella aunque intente ocultarlo. Beatriz no soporta las palabras de su tía, a la que asegura que, si su padre viviera, las echaría inmediatamente de la finca a ella y a la traidora de su hija.

Valentín informa a su familia que Beatriz está de vuelta. Nivardo llega detrás de él, derrotado y confundido. Federico le dice a su hijo que ahora si se podrá casar, pero que será con Beatriz Alcázar, y no con la patética de su prima. Nivardo se niega rotundamente y asegura que Beatriz ya sabe que él tiene amoríos con Griselda. Federico asegura que todo tiene remedio y que él mismo se encargará de todo. Nivardo se retira a su habitación. Valentín le asegura a Marcelo que Beatriz está destruida. Marcelo ríe malévolamente asegurando a su hermano que la suerte está de su lado, pues aunque Federico se empeñe en querer casar a Nivardo con Beatriz, será él, Marcelo, quien se case con la muchacha.

Beatriz y Griselda tienen un enfrentamiento, pues Beatriz llama Zorra a su prima, despreciándola por tener amoríos con dos hombres a la vez: Nivardo y Razo. Griselda asegura que Razo es solamente un desliz y que se deshará de él en cuanto le sea posible. Alfonsina interfiere por su hija, a quien Beatriz abofetea y exige que se marche de su casa para siempre. Alfonsina le suplica que no eche a su hija pero Beatriz le contesta que, si quiere, la puede acompañar, pues ninguna de las dos le hace falta.

Nivardo llora amargamente y nuevamente recibe el consejo de Cándida, quien le pide que haga lo que Federico le ordena, pues finalmente Beatriz es  mucho más fina que Griselda, la cuál desde niña fue arrogante y codiciosa, como su madre. Nivardo defiende a su amada asegurando que se casará con ella así sea lo último que haga. Cándida sale de la habitación de su hermano y al dirigirse a la cocina se topa con Romualdo, quien la abraza accidentalmente. Cándida le pide que salga del lugar, pues si su padre los descubre solos él lo lamentará. Romualdo no deja de adorarla. ¡Está enamorado de ella!

Marcelo no deja de pensar en Beatriz y se alegra por su recuerdo por lo que la visita durante el día. Ella llora ante él dejando notar su dolor por la traición de Nivardo y Griselda. Marcelo la abraza y le promete que él nunca la traicionará y siempre permanecerá a su lado. En ese momento llega Valentín, quien asegura haber ido solo para averiguar como se encuentra Beatriz, quien lo recibe cándidamente despertando los destructivos celos de Marcelo.

Alfonsina y Griselda se instalan en un hotel. Alfonsina decide salir y entonces Griselda aprovecha para tener un encuentro con Razo, al que asegura extrañar demasiado. Se encuentran en las afueras del hotel y son vistos desde lo lejos por Marcelo, a pesar que Griselda trata de fijarse que nadie los mire. Entran a una habitación y se besan con deseo. Ambos hacen el amor ardientemente.

Beatriz no deja de atormentarse al pensar que Nivardo y Griselda se casarán aunque ella tenga un amante. Está segura de que Griselda no ama a Nivardo y que se casará con él solo por ambición.

Alfonsina se presenta ante Federico, al que pide que hablen. Ella le ruega que acepte que su hija y Nivardo se amen y se casen, pues ellos dos alguna vez fueron jóvenes y saben muy bien el dolor que es tener que casarse aun en contra de su voluntad. Alfonsina le recuerda a Federico que él siempre estuvo enamorado de la madre de Beatriz mientras que ella, Alfonsina, mucho tiempo estuvo enamorada de él. Federico le pide a Alfonsina que esa noche se presente en su casa con Griselda con una condición: Que Beatriz las acompañe, de otra forma no las recibirá. Alfonsina acepta y decide regresar al hotel donde encuentra a Griselda fornicando con Razo, por lo que se abalanza contra ella acusándola por ser una sucia, una inmoral. Razo asegura amar a Griselda y Alfonsina entonces le dice que él no puede amar a su hija puesto que ella está comprometida con Nivardo Montes de Oca. Razo se impacta al escuchar semejante noticia y se marcha. Griselda acusa a su madre por destrozarle el corazón y Alfonsina le dice que en la noche se sellará su compromiso con Nivardo por lo que tienen que darse prisa y convencer a Beatriz de que las acompañe, pues Federico ha dicho que es indispensable que ella asista. Griselda duda que su prima desee acompañarlas pero Alfonsina cree que deben hacer todo lo posible pues la fortuna de los Montes de Oca se les puede ir de las manos por el orgullo de Griselda.

Febrero 2010. Federico visita al licenciado Zetina, a quien le da gusto verlo y quien le cuenta sobre Beatriz, hija de un antiguo amigo de los dos. Federico se sorprende al escuchar maravillas sobre Beatriz, quien desde la muerte de su padre se ha dedicado a estudiar y viajar por el mundo. Federico confiesa el motivo de su visita a Zetina: Cambiar su testamento, cosa que hace. Zetina se sorprende al escuchar a Federico decir que no desea dejar como herencia absolutamente nada a su hijo Nivardo. Zetina le promete que todo se hará como él desea.

Beatriz y Marcelo se encuentran en la iglesia. Allí, el le habla sobre sus sentimientos. Beatriz le pide que calle, pues ella solo ha sabido amara  un solo hombre: Nivardo.

Valentín no deja de pensar en Beatriz, a la que considera hermosa e interesante. Se lo cuenta a Romualdo, quien es como un amigo para él. Romualdo le aconseja a Valentín que, si Beatriz y Nivardo ya nunca serán nada, entonces él la conquiste. Son sorprendidos por Lorenza, quien acaricia el rostro de Valentín, al que bendice por ser de corazón noble. Valentín le pide a Romualdo que se le de comida a Lorenza, a la cuál tiene lastima y compasión. Lorenza le asegura a Romualdo que la destrucción está a punto de azotar la hacienda.

Beatriz se lleva una sorpresa al llegar a casa y encontrarse con su tía y prima, quienes le suplican que las acompañe a la cena de los Montes de Oca. Griselda jura que su relación con razo se ha terminado y que desea hacer feliz a Nivardo. Beatriz se niega rotundamente pero ante la insistencia de las otras dos, termina aceptando aún en contra de su voluntad.

Federico le ordena a Cándida para que se arregle para la cena que se dará. También se lo ordena a Nivardo, quien no tiene ánimos pero que tampoco tiene más remedio que obedecer a su padre.

La hora de la cena llega y Beatriz Alcázar, a pesar de su belleza, pareciera que está de luto, sin embargo su presencia en la hacienda impone. Alfonsina y Griselda visten elegantes y vistosas. En la cocina, Romualdo le asegura a Cándida verse muy bonita. Prudencia decide dejarlos solos y servir bocadillos a las invitadas en la sala, donde Alfonsina no deja de decir halagos sobre su hija, quien no hace mas que preguntar ansiosa por la presencia de Nivardo. Federico, sin en cambio, solo se muestra interesado en Beatriz, a la que pregunta por sus viajes, por el luto hacia su padre, sobre los negocios que heredó. Beatriz de limita a contestar lo necesario. Su dolor es notable como su amargura. Cuando Nivardo se presenta, la tensión también es notoria, pues Griselda se le abalanza para llenarlo de besos y cariños, haciendo más grande la herida en el corazón de Beatriz, por lo que Federico decide hablar sobre lo que el matrimonio implica y sobre lo que la esposa de un Montes de Oca debe cumplir y desempeñar social y moralmente. Al decir que Nivardo desea casarse y que él está de acuerdo en que su hijo se case, tanto Alfonsina como Griselda se muestran ansiosas, lucen patéticas para Beatriz, Valentín y Marcelo, quienes las miran con antipatía, aunque Nivardo se siente mas emocionado; Federico pide a Alfonsina la mano de su sobrina Beatriz Alcázar para que ella sea la esposa de su hijo Nivardo. La petición cambia las caras de todos, quienes no se esperaban semejante sorpresa. Alfonsina no sabe que decir mas Beatriz se pone de pie y agradece a Federico el contemplarla aún como un futuro miembro de su familia mas rechaza su petición, asegurando que ella no tiene cabida en el corazón de Nivardo, ni Nivardo tener cabida siquiera en e pensamiento de una mujer como ella. Toma sus cosas, da las buenas noches y se marcha, siendo alcanzada por Marcelo, quien le pide que si no acepta casarse con Nivardo entonces se case con él. Beatriz lo rechaza asegurándole que ella jamás pondrá los ojos ni el corazón en ninguno de los Montes de Oca. Valentín escucha sus palabras, las cuales lo entristecen.

Alfonsina se siente ofendida por lo sucedido. Le recuerda a Federico el ser despreciable que es y él solo se limita a mirar a su hijo Nivardo, quien se retira a su habitación, furioso. Griselda pide a su madre que se retiren, haciendo una rabieta terrible. Al marcharse las dos mujeres, Federico sube a la habitación de su hijo, al que dice que si desea casarse con Griselda a pesar de la notable ambición tanto de ella como de su madre, es libre de hacerlo, pues no lo detendrá. Nivardo solo desea estar solo y pensar seriamente en todo.

Beatriz no deja de llorar en la finca, sintiéndose completamente destruida y ofendida. Griselda acude a la finca para gritarle que jamás permitirá que le arrebate el amor de Nivardo y mucho menos el dinero de los Montes de Oca. Beatriz toma fuerzas y abofetea a su prima llamándola cínica. La acusa de no ser más que una vulgar mujerzuela que es capaz de venderse al mejor postor aunque en el fondo en su cama sea otro el que la haya despojado de su virtud. La acusa de ambiciosa, cruel, mezquina e insolente. Le pide que se marche y que se case con Nivardo, con el cuál seguramente será infeliz en cuanto él descubra que se enamoró de una pobre criatura a la que le falta mucho para ser una mujer, pues nunca fue nada y se vendió como una ramera para poder tener un nombre que nunca nadie le podrá reconocer. Griselda abofetea a Beatriz por sus palabras pero Beatriz le regresa la bofetada con una golpiza más fulminante y la manda a sacar de su casa asegurándole que desde ese momento la desconoce y hará lo posible por destruirla.

Marcelo le cuenta a Valentín lo que vio en el pueblo, afuera del hotel. Valentín teme que Griselda le haya mentido todo el tiempo a Nivardo.

Nivardo sale de la hacienda y se dirige a la finca Alcázar. Nota que por la playa una mujer camina. La reconoce: ¡es Griselda! Por lo que decide bajar de su caballo y seguirla. Cual es su sorpresa al ver que Griselda toca a las puertas de la choza de un pescador, a quien besa apasionadamente. Ese pescador es Razo, a quien Griselda, con llanto, asegura amar. Ella le cuenta que ha roto su compromiso con Nivardo solo por él, por lo que le pide que huyan juntos mas Razo no tiene el dinero suficiente para llevársela lejos. Ambos se besan y hacen el amor sin sospechar que Nivardo los está espiando.

Maria consuela a Beatriz, quien le dice que sin su padre se siente desprotegida y más sola que nunca. Maria la consuela y arrulla hasta quedarse dormida para entonces despertar al amanecer, vestirse y desayunar. Al disponerse a salir de casa se encuentra en la puerta con Nivardo, quien viste gallardamente, luce seguro aunque un poco nervioso. Beatriz le pregunta qué es lo que desea y él le pide que hablen. Lo hace pasar. Nivardo le pide perdón por haberse olvidado de su amor durante unos meses, jurando haber caído en la seducción de Griselda de lo cuál es culpable pero asegura estar dispuesto a reparar los daños. Beatriz no entiende de qué habla el muchacho hasta que él le pide de rodillas que olviden lo sucedido y ella acepte nuevamente ser su esposa. Beatriz se niega pero Nivardo, llenote orgullo por la traición de Griselda, le suplica que le diga que sí. Ella le pide que le de tiempo para pensarlo y le asegura que, si por la tarde se ven en la playa, le responderá.

Marcelo disfruta al saber que Nivardo ha quedado excluido del testamento de su padre y cree que por ser el primogénito y el más cercano a Federico, será él quien herede la mayor parte de todo. Reacciona y cree que puede hacer que tanto Cándida como  Valentín también sean excluidos.

Valentín visita a Beatriz, a quien le pide disculpas en nombre de su familia por el mal rato que le hicieron pasar. Beatriz le pregunta al joven qué haría si ella hubiera dicho que sí a la petición de Federico y él asegura que aunque eso le causaría un enorme dolor por el afecto que le tiene y por la traición de Nivardo, lo aceptaría y la seguiría apreciando como hasta entonces.

Renata y Demetria, dos singulares mujeres, se encuentran en una vieja casa la cuál desean restaurar para darle vida. Ambas han llegado de tierras lejanas para divertir a todo Porto Bello, abriendo un majestuoso burdel.

Zetina no entiende porqué Federico ha decidido desheredar a Nivardo por lo que decide investigar a fondo el asunto con contactos de otros lados que conocen a Federico desde que era un niño.

Candida y Romualdo tienen un nuevo encuentro y entonces él le roba un beso. Ella lo abofetea y él la vuelve a besar por lo que le corresponde. Romualdo le confiesa estar perdidamente enamorado de ella. Cándida confiesa sentir lo mismo por él. Ambos se dan un fuerte beso siendo espiados por Lorenza.

Griselda amanece en la choza de Razo, contenta, dichosa y desnuda. Encuentra una nota que le cambia el panorama: Razo se ha marchado para siempre de Porto Bello y se despide de ella asegurándole que fue su gran amor pero que sencillamente no pueden estar juntos. Griselda llora amargamente pues su gran amor la ha abandonado definitivamente. 
Busca a Nivardo para pedirle que huyan juntos y se casen lejos de todos. Él la desprecia, asegura aborrecerla y saber de sus amoríos con Razo. Ella asegura que todo es una mentira de Beatriz, sospechando que su prima fue quien le dijo todo a Nivardo, quien, por venganza, le dice a Griselda que será con Beatriz con quien se case, pues ella si es decente y no una perdida… como la propia Griselda.

Beatriz no sabe qué hacer con la petición de Nivardo pero el orgullo le dicta que debe vengarse de Griselda con lo que más le duele por lo que se encuentra con el muchacho en la playa y acepta ser su esposa. Fijan fecha para casarse dentro de unos meses.

TIEMPO DESPUES: Beatriz visita a su tía Alfonsina, quien la trata con arrogancia. La muchacha le dice a su tía que se casará muy pronto y que desea que asista a su boda. Alfonsina llora asegurando extrañar a Griselda, quien al ser abandonada por Razo decidió ingresar a un convento en el cuál se ha enclaustrado. Beatriz se sorprende al saberlo y le promete a Alfonsina que hablará con Griselda. Alfonsina pregunta a su sobrina con quién se casará y se sorprende al escuchar la respuesta: Nivardo Montes de Oca.

Nivardo no deja de pensar en Griselda mas Federico le asegura que al casarse con Beatriz la olvidará. Valentín no piensa igual. Él considera que Beatriz debería casarse con alguien que la ame verdaderamente.

Beatriz le pide a Zetina que la entregue en el altar en el lugar de su padre, pues lo estima demasiado. Él la abraza y acepta encantado. Al marcharse ella, recibe una carta que lo alarma.

Marcelo está enloquecido de rabia y celos. Ama a Beatriz y no desea que sea para nadie más que él por lo que está dispuesto a deshacerse de su propio hermano para impedir que se case con la mujer a la que él ama.

Beatriz visita a Griselda en el convento. Allí Griselda le recuerda cuanto la odia y aborrece. Al darse cuenta de que su prima no ha cambiado, Beatriz desea pagarle con la misma moneda y le entrega la invitación para su boda. Se marcha y entonces Griselda abre la invitación. Se llena de rabia al enterarse. Maldice a Beatriz y jura que un día se las pagará.

Valentín cree estar enamorado de Beatriz y sufre por saber que ella se casará con su hermano. Habla con Romualdo, quien le aconseja que si la ama, se la robe, pero Valentín no es de ese tipo de hombres por lo que se ha resignado a perder por la buena.

El día de la boda llega. Zetina le pregunta a Beatriz si está segura de quererse casar y ella afirma que si, por lo que la entrega en el altar de la iglesia, donde ella y Nivardo se casan y sellan su amor con un beso. Al salir de la iglesia, Lorenza aparece y les asegura que ese matrimonio ha sellado dos cosas: Sus deseos de venganza y su destrucción.

En el convento, Griselda de azota fuertemente y llora la perdida de sus dos hombres. Afirma que lo único que desea es vengarse de Beatriz.

Marcelo felicita a Beatriz por su boda con un fuerte beso en la boca. Ella lo abofetea exigiéndole respeto pues ahora es una mujer casada. Marcelo le recuerda que Nivardo se casó con ella solo por despecho pues en el fondo aún ama a Griselda, con la que volverá tarde o temprano, aunque sea para tenerla como querida. Valentín aparece y le exige a Marcelo que deje de molestar a Beatriz. A la escena acude Alfonsina, a quien Marcelo pregunta por su querida hija Griselda. Alfonsina finge confusión y pregunta a todos quien es Griselda, asegurando no conocerla. Se porta muy cariñosa con Beatriz.

Zetina habla en privado con Federico asegurando que es algo muy importante. Al estar a solas, le pide a su amigo que le confiese porqué nunca le había dicho que Nivardo no es hijo suyo. El comentario toma por sorpresa a Federico, quien después de pensar unos minutos decide sincerarse y confiesa al licenciado Zetina que Nivardo fue el desliz de su esposa pero que nadie en Porto Bello lo sabía, más que una sola persona. No sospechan que Valentín se encuentre cerca por lo que siguen hablando hasta el punto en que Federico confiesa a Zetina quien es el verdadero padre de Nivardo, estremeciendo a Valentín, quien los escucha sin querer.

En su choza, Lorenza hace un conjuro a los espíritus para que protejan al hijo menor de los Montes de Oca y lo llenen de bendiciones.

En el burdel, Renata y Demetria platican con un extraño hombre que se presenta como Flavio De Maris, quien les dice estar buscando a una mujer que conoció en el pasado y con quien tiene un asunto pendiente.

Beatriz camina por el campo, sola, con su vestido de novia. Acude a la playa y se topa con una singular escena: Cándida y Romualdo teniendo placer carnal. Se impacta ante lo que sus ojos ven, Cándida y Romualdo lucen muy enamorados.

Marcelo habla para si mismo, a solas, acerca de lo que siente por Beatriz, asegurando que la muchacha será para él tarde o temprano.  Es sorprendido por Prudencia, quien le reprocha el poner los ojos en la que será la mujer de su hermano. Marcelo vuelca su dolor sobre Prudencia, a quien acusa de ser una imprudente que solo mete las narices donde no  debe. Valentín los sorprende y pregunta que sucede. Marcelo sale furioso. Prudencia asegura a Valentín que su hermano está fallando a uno de los mandamientos. Valentín busca a Marcelo, a quien le asegura que tiene algo importante que confesarle: Nivardo no es hijo de Federico, es solamente su medio hermano. A Marcelo la noticia le sienta muy bien.

Federico se siente mal por lo que exige a Cándida que lo cuide. Ella, que tiene que verse con Romualdo, trata de deslindarse de hacerle compañía a su padre, quien la abofetea y le exige que cumpla, pues ella nació solo para estar al servicio de él. Cándida le pregunta a su padre porqué jamás la ha querido y Federico le asegura amarla, pero también trata de hacerle entender que, como su hija menor, debe vivir para cuidarlo hasta que él falte.

En su noche de bodas, Beatriz se siente confundida, triste. Nivardo habla con ella asegurándole que serán muy felices. Beatriz le pide que no mienta pues ella sabe perfectamente que él está enamorado de Griselda y que, si se casó con ella, fue por despecho. Nivardo besa apasionadamente a Beatriz, hasta lograr consumar el matrimonio, mientras que en su soledad Marcelo se flagela por el amor que siente hacia la muchacha y en l aplaya Valentín llora, asegurando estar perdidamente enamorado de Beatriz.

NUEVE MESES DESPUES: Beatriz está embarazada. No hace más que esperar el día en que su hijo nazca. Se pasea por la hacienda y es sorprendida por Marcelo, quien le asegura que si Nivardo se ha vuelto irresponsable, entonces él puede encargarse de todo y huir con ella a otro lugar. Beatriz le suplica a Marcelo que no se le vuelva a insinuar y que mantenga su distancia. Beatriz se encierra en la hacienda y allí habla con Valentín, quien le regala unas flores. Le agradece ser siempre tan bueno con ella y él asegura quererla como una hermana, aunque en el fondo la ama en demasía.

Marzo 2010. Nivardo se divierte en el burdel con Renata y Demetrio, con quienes pasa la noche emborrachándose y fornicando. Ellas no hacen más que llenarlo de placer.

Tempranamente Griselda recibe en el convento a Alfonsina, quien la nota nerviosa y sin hábito. Griselda llora y le confiesa a su madre que ha dado a luz a un niño, un hijo de ella y de Razo. Alfonsina le aconseja que abandone el convento y con él a la criatura, al cuál solamente las llenará de vergüenza.

Federico se siente terriblemente mal por lo que un doctor le recomienda guardar reposo. Les asegura a los hermanos Montes de Oca que Federico está gravemente enfermo y que quizás pueda morir, por lo que Marcelo habla con su padre, quien le dice que desea rehacer su testamento pues no quiere desamparar al hijo de Beatriz y Nivardo. Marcelo asegura a su padre que ese niño no tiene ningún derecho pero Federico insiste en hablar con el licenciado Zetina.

Beatriz se siente preocupada por Nivardo. Presiente que ha pasado la noche en el burdel. María le suplica que no se preocupe y que se resigne a la vida que le ha tocado. Beatriz llora asegurando que está pagando muy caro el haber sido orgullosa y haberse casado con Nivardo por venganza.

Valentín se presenta ante Zetina, al que le dice que su padre morirá pronto. Zetina decide ir a la hacienda, donde habla con su amigo. Federico le pide al licenciado que lo ayude a cambiar nuevamente su testamento. Marcelo se preocupa ante la presencia de Zetina.

Nivardo regresa a casa entrada la tarde y es reprendido por Valentín, quien le exige que vele por su esposa y el hijo que pronto tendrá. Nivardo llora amargamente y le asegura a Valentín estar perdidamente enamorado de Griselda, a la que no puede olvidar. Cándida los sorprende y los tres hermanos se abrazan. Ella les confiesa estar enamorada y tener miedo de Federico, el cuál solamente la tiene a su servicio. Valentín promete que las cosas cambiarán mientras que Nivardo nuevamente se pierde y regresa al burdel, donde confunde a Renata con Griselda y le hace el amor.

Lorenza anuncia en todo Porto Bello que la desgracia está a punto de apoderarse de los Montes de Oca y que un salvador vendrá del más allá a desenmascarar a la oscuridad.

Beatriz tiene problemas de parto por lo que se anuncia que dará a luz. Todos se concentran en el nacimiento del hijo de Beatriz por lo que Marcelo aprovecha para deshacerse de su padre, al cuál asfixia con un a almohada asegurando que jamás compartirá la herencia Montes de Oca con el bastardo de su difunta madre.

Beatriz ha terminado de dar a luz. María y Prudencia, en compañía de una comadrona, se sienten satisfechas por el éxito con el que lograron el parto. Mas tarde Beatriz pregunta por Nivardo y al ver  entrar a alguien piensa que es él. Pero no, en realidad es Valentín, quien toma su mano y le pide que sea fuerte, asegurándole que Nivardo está descansando pues ha bebido demasiado. Beatriz le pregunta a Valentín porqué él es siempre tan bueno con ella y él asegura quererla como una hermana. Beatriz le confiesa saber que no es así. Valentín le confiesa amarla y ambos se besan.

En la cocina, Romualdo cuenta que un hombre llamado Flavio de Maris está en busca de Nivardo. Prudencia se impacta al escuchar ese nombre y pide a Romualdo que le diga en donde puede encontrar a ese hombre.

Nivardo conoce a su hijo y lo carga a pesar de estar alcoholizado. Cándida le suplica que tenga cuidado. Marcelo los sorprende y se burla de ellos asegurando a Cándida que al terminar de cuidar a Federico, seguirá con sus labores de sirvienta, ahora cuidando a su sobrino.

Valentín siente remordimiento por haber besado a la esposa de su hermano sin sospechar que en el corazón de Beatriz ha nacido una nueva ilusión.

Prudencia encuentra a Flavio y le pide que se marche lejos. Flavio le asegura que lo único que quiere es encontrar a su hijo. Prudencia le promete que lo ayudará a verlo solo si él le promete que se marchará nuevamente. Flavio hace la promesa.

Griselda ha perdido a su hijo, el cuál fue víctima de una terrible enfermedad, por lo que abandona el convento para regresar a la finca Alcázar, donde Alfonsina vive sola. Allí Alfonsina la recibe, satisfecha de que la criatura hubiera muerto. Griselda asegura que sus desgracias son gracias a Beatriz y afirma que, si ha regresado, es exclusivamente para vengarse.

Marcelo le aconseja a Nivardo que no sienta tanto aprecio por el hijo de Beatriz, pues en el fondo no saben si en realidad sea de él. Argumenta que al sentirse despechada, Beatriz se casó con él, pero siempre ha tenido preferencias y caricias para Valentín. Nivardo se confunde y Marcelo le envenena la cabeza contra Valentín, al que Nivardo busca para exigirle que le diga si ha tenido amoríos con su mujer. Ambos hermanos pelean a puño cerrado para defender su opinión. Román y Romualdo los separan. Marcelo disfruta el haber sembrado discordia entre los hermanos.

Beatriz llora terriblemente. Se siente sola. María le pide que se resigne nuevamente pero Beatriz no sabe si podrá, asegurando estar enamorada del hermano de su marido.

Prudencia lleva tempranamente el desayuno a Federico y descubre que está muerto, por lo que se horroriza y grita alarmando a todos en la hacienda.

El funeral de Federico se lleva a cabo. Los tres hermanos Montes de Oca parecen confusos pero Marcelo solamente finge. Flavio se presenta para hablar seriamente con Nivardo, a quien le confiesa ser su verdadero padre. Nivardo se confunde ante la sorpresa y cuando Marcelo le confiesa que Flavio le ha dicho la verdad, sale huyendo de la hacienda. Zetina le reclama a Marcelo el inmiscuirse en lo que no le concierne y Marcelo afirma que ahora que su padre falta, es él quien toma las riendas de absolutamente todo. El licenciado Zetina se marcha al no tolerar estar ante la presencia de Marcelo.

Valentín monta a caballo por la playa sin poderse quitar el dolor de haber perdido a su padre ni arrancarse a Beatriz del corazón. Llora amargamente y se desahoga gritando en un precipicio.

Griselda se presenta ante Marcelo para darle el pésame. Ambos sienten rencor hacia Beatriz y Nivardo de quien Marcelo asegura ya se ha librado. Ambos deciden que tienen que hacer algo para vengarse de Beatriz. Alfonsina los escucha y de inmediato le comunica a su sobrina, Beatriz, lo que planean hacer con ella.

Nivardo aparece ante Demetria y Renata, quien le confiesa estar enamorada de él desde hace mucho tiempo. El muchacho le pide que huyan juntos.

El licenciado Zetina asegura a Lorenza que, tras la muerte de Federico, muchas cosas cambiarán en la hacienda, principalmente después de leer el testamento.

SEMANAS DESPUES: Beatriz se encuentra mortificada por la desaparición de Nivardo, sin la cuál el testamento de Federico no se puede leer. Marcelo la acosa pero ella asegura sentir solamente repulsión hacia él. Marcelo la besa por la fuerza y ella es defendida por Valentín, quien le exige a su hermano que la suelte. Marcelo descubre entonces que esos dos se aman por lo que enfurece y se abalanza contra Valentín, quien termina golpeándolo vilmente, siendo detenido solo por las suplicas de Beatriz, a la que besa y le pide que no se preocupe.

Griselda vive amargada haciendo imposible la vida de Alfonsina, quien le pide a su hija que se dedique a algo en vez de estar pensando en una venganza inútil. Marcelo las visita y le dice a Griselda que Beatriz y Valentín son amantes. Entonces Griselda decide que acusará a su prima de adulterio ante la santa inquisición.

Beatriz se entera por medio de Prudencia que Nivardo desapareció al saber que no era hijo de Federico. Valentín la consuela y le asegura amarla perdidamente. Ella le corresponde y lamenta estar casada, imposibilitando su amor.

Zetina lee el testamento ante la aparición de Nivardo. Marcelo se lleva una gran sorpresa al saber que Federico dejó protegidos a Nivardo y su hijo por lo que enfurece demasiado. Asegura que no merece nada pues in siquiera fue hijo de Federico. Valentín y Cándida aseguran que Nivardo es su hermano por lo que están de acuerdo con el testamento. Marcelo sale furioso.

Nivardo perdona a Flavio, a quien le pide que se aleje de él definitivamente. Visita a Griselda, a quien asegura seguir amando. Griselda le pide que acuse a Beatriz y Valentín de adulterio. Ella promete que lo ayudará. Nivardo se niega y sale de la casa de Griselda pensando en lo que se desatará en caso de que su hermano y su esposa sean acusados. Llega a un precipicio y decide arrancarse la vida arrojándose al mar, solo para que los que ama no sufran.

Valentín decide huir con Beatriz para dejar atrás absolutamente todo. Cándida les suplica que la lleven con ellos pero Romualdo aparece en ese momento. Beatriz le aconseja a Cándida que huya con Romualdo y se encuentren después. Romualdo asegura amar a Cándida y le pide que se case con él ahora que nadie puede detenerla. Cándida acepta. 
Cuando Beatriz y Valentín están a punto de irse, son descubiertos por Marcelo, quien les asegura que no pueden ser felices pues Beatriz debe ser solamente para él. Valentín se enfrenta a su propio hermano, consiguiendo que éste lo hiera con un arma de fuego, confesando que él mató a Federico. Beatriz pelea con Marcelo, quien intenta llevársela, sin embargo ella se resiste por lo que le arrebata el revolver y le apunta. Ambos forcejean y  Marcelo hiere a Beatriz.

Alfonsina y Griselda se enteran de que Nivardo ha muerto. Griselda se siente culpable y Antonieta le asegura que lo único que ha conseguido a lo largo del tiempo es hacer estupidez tras estupidez.

Romualdo y Cándida, así como Maria y prudencia, ayudan a Beatriz y Valentín, quienes están malheridos. Los llevan hasta el pueblo donde piden ayuda a un médico, quien  asegura que las balas no han perforado nada por lo que les son extraídas.

En una iglesia, Alfonsina llora arrepentida, pidiendo perdón a Dios por todos sus errores para con su hija y sobrina. Pide que su hija sea iluminada y consiga ser feliz después de tanta desgracia.

Marcelo se siente desesperado. Recibe la visita del licenciado Zetina quien le asegura que su ambición lo cegó por lo que ha de quedarse solo.  Marcelo asegura que si alguno de los suyos decide regresar a la hacienda, lo matará, pues todo le pertenece a él. Alguien se presenta para decirles que Nivardo se ha quitado la vida.

Beatriz y Valentín lloran por la muerte de Nivardo. Prudencia les aconseja que sigan su camino sin detenerse, puesto que Marcelo puede perseguirlos. Valentín asegura no temer a su hermano.

TIEMPO DESPUES: Cándida y Romualdo se casan, llenos de felicidad y de libertad.

Marcelo se encuentra completamente solo. Ante él aparece Lorenza, quien le asegura que el fin de todo está a punto de presentarse. Marcelo la abofetea y le exige que salga de su hacienda pero Lorenza se niega rotundamente. Marcelo la saca por la fuerza y entonces ella incendia el lugar, asegurando que Porto Bello se purificará.

Griselda y Alfonsina abandonan la finca Alcázar y se marchan para siempre de Porto Bello. Nadie jamás vuelve a saber absolutamente nada de ellas.

Flavio sufre por la muerte de su hijo. Prudencia le pide que haga algo en nombre de él y que se sienta feliz por haber sido perdonado por su abandono.  Zetina felicita a Valentín y Beatriz por su próxima boda. Los enamorados bautizan al pequeño hijo de Beatriz, al cuál llaman Andrés, como el padre de ella. Tiempo después celebran su boda, en la finca Alcázar, remodelada y engalanada con muy pocos invitados que acuden a felicitarles. Beatriz se da cuenta de que a lo lejos hay un hombre andrajoso que vigila todo cautelosamente. Se acerca a él y se lleva una gran sorpresa: Es Marcelo, desfigurado, hundido en la ruina. Beatriz corre en busca de Valentín, a quien le cuenta lo sucedido, pero cuando Valentín acude al lugar, ya no se encuentra nadie. Abraza a su esposa, asegurándole que no les sucederá nada.

Marcelo sufre en la miseria siendo despreciado por todos en Porto Bello. Nadie logra reconocerlo y lo tachan de loco pues no le creen que sea quien asegura ser. Sufre y emprende solo un recorrido a ningún lado, huyendo del lugar que lo desprecia.

En la playa, cerca de la finca, Beatriz y Valentín se besan fuertemente seguros de que ya nada podrá separarlos ni interponerse ante su amor, seguros de que nunca más, hasta el final de sus vidas, volverán a faltar al noveno mandamiento.













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(R) 1997 (P) 2010